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La enfermedad cardiovascular es la principal causa de morbimortalidad en el mundo occidental. Los que sobreviven se enfrentan a un futuro incierto, porque tienen un riesgo de muerte de 2 a 9 veces más alto que la población que no han sufrido un infarto de miocardio o una angina de pecho de alto riesgo. Además, viven actualmente cerca de 11 millones de pacientes con angina de pecho o infarto de miocardio.

Los pacientes que sobreviven a un ataque del corazón (IAM), tienen mayor riesgo de padecer otro evento en el corto plazo y en ellos se deben aplicar estrictas medidas de prevención secundaria. Este panorama brinda miles de candidatos a beneficiarse con programas de rehabilitación cardíaca (RHC), pero la realidad muestra que los pacientes que participan de programas de RHC constituyen sólo un pequeño porcentaje.

Los programas de RhC se desarrollaron en la década del 50, en respuesta a la gran incidencia de enfermedad cardiovascular. Hasta ese momento el tratamiento de pacientes con IAM incluía períodos de reposo en cama de hasta dos meses. Hoy, gracias a los modernos conceptos de RhC, los pacientes con IAM o los sometidos a procedimientos de revascularización requieren pocos días de internación y/o de reposo.

El objetivo principal es rehabilitar a las personas con cardiopatías para que puedan retornar a una vida activa, productiva y satisfactoria, disminuyendo el riesgo de nuevos eventos cardiovasculares. Esto se consigue estimulando un estilo de vida más saludable, optimizando el tratamiento farmacológico e integrando al paciente armónicamente a su ambiente familiar y sociolaboral.